Debajo de toda máscara hay carne y lágrimas.

Estoy tumbado en la cama. Una fría brisa me ha despertado. Tengo la cabeza apoyada sobre las manos. Miro, sin moverme, por la ventana. Mis ojos intentan acostumbrarse a la luz. Es temprano, mucho. Ha amanecido hace poco. Unos pájaros pasan volando rápidamente mientras pían. Veo unas sábanas blancas hondear lentamente. Está nublado y ha llovido por la noche. Puedo oler el característico olor del edificio cuando se moja. Me gusta. Me recuerda a la tierra húmeda.

El cielo está cubierto por nubes blancas. Un lado parece rasgado y entre sus jirones se puede ver un cielo azul muy pálido. Se filtra un poco de luz que lo sume todo en un tono amarillento. Hay algo triste en el ambiente. Pero no se si es el ambiente o mi corazón lo que es tan triste. Sigo mirando las sábanas. Me parecen tan bellas moverse con esa suavidad. Sonrío al pensar en lo idiota que es mi idea. 

Alzo un poco la vista. Todo está ordenado. Cada objeto en su lugar. Solo un libro tirado en suelo rompe la magia. Puedo ver el título: 'Todo lo que tú y yo podríamos haber sido si no fuéramos tú y yo'. Hasta el libro parece reírse de mi. Un mechón me cae sobre la frente. Se mueve lentamente con el viento frío del amanecer veraniego. 

Le amo.

No puedo sacarme de la cabeza al ser más perfecto del mundo. Lo tiene todo. Cualquier cosa que buscase en una persona. Está a mi lado. Lo noto respirar en mi cuello. A veces se mueve. Mataría por poder despertarle con un beso y decir la frase de su película favorita: 'Buenos días, príncipe. He soñado toda la noche contigo. Íbamos al cine y tú llevabas aquella camisa azul que me gusta tanto.' Por desgracia no son más que sueños. Fantasía que cada noche bullen en mi cabeza. Esos estúpidos sueños con los que te duermes y los que recuerdas nada más despertar.

He soñado que estábamos desnudos Pero no hacíamos nada. Nos manteníamos abrazados. Él dibujaba cosas en mi espalda y yo las debía adivinar. Recuerdo soñar con su cuerpo bañado por el brillo argénteo de la Luna. Su cuello estirado y mis labios sobre éste.

Ahora es de día. Vuelve a ser solo el vecino de enfrente que se ha quedado a dormir conmigo una noche. Me giro y acerco un poco a él. El pelo le huele a mar. Me acerco a su oído y susurro: Te amo. Él se remueve. Se me para el corazón. ¿Y si está despierto? ¿Y si me ha escuchado?

Puedo amarte en silencio pero, no puedo perderte.

Se gira. Sonríe en sueños. Me pasa un brazo por encima y acerca a él. Me hace preso con su abrazo. Si es un sueño no quiero despertar. Las cortinas azules de mi cuarto hondean del mismo modo que las sábanas. Me apoyo en su hombro y poso los labios sobre su cuello. 'Te amo' susurro de nuevo antes de volver a dormirme.