Eso es lo que soy. Tú, estúpido, solo eres capaz de ver mi forma corporal, ignoras mis palabras y tu mente entera se centra en si tendré o no el coño bien depilado. Mientras que yo me sumo en esta fantasía mezcla de alcohol y drogas. Puedo notar el asfixiante humo de la sala decorada con cortinas de seda roja. Noto también tus ojos clavándose sobre mi figura y como salivas y estrujas tus manos en un tonto intento de detenerlas cuando ansías lanzarlas contras mis senos y arrancarme el sostén.
Aunque no puedo culparte. Este sueño erótico creado por una sobredosis que sólo vaticina lo sumamente buena que estoy y tu muerte es culpa mía. Así que para cuando tus manos me arranquen el último jirón de tela que cubra mi cuerpo, estarán tan frías e inertes como la de cualquier pasajero del Titanic aquella fría noche de abril.