Paralelos

Veo mi cara reflejada en el espejo. Únicamente ilumina la habitación la pálida luz que entra por la ventana desde la farola, la cortina la filtra y me ofrece un mundo en tono anaranjado y borroso. Casi soy incapaz de reconocerme a mi misma, me arqueo hacia delante intentando apreciar bien mi siluetas pero no consigo  lograrlo El espejo me sigue devolviendo la horrible caricatura de un monigote que se supone que soy yo. Al principio es un ser feo con los rasgos desarrollados hasta lo absurdo. Después va mutando hasta conseguir una forma parecida a la mía, aún con las mejillas excesivamente grandes. Mi fantasma me mira con descaro, lanza un beso al aire que le reafirma la cara. Yo me muevo temblando hasta el espejo, acaricio su superficie lisa y me dejo llevar por el tacto frío. Mi yo reflejado me mira con lujuria, noto como desea poseerme, como quiere que yo también me introduzca en el espejo. Nuestras manos entran en contacto, percibo un olor nauseabundo, algo podrido que pronto inunda toda la habitación. Intento apartar la mano pero mi reflejo me agarra con fuerza, sus dedos se clavan en mi piel atravesándola. Lanzo un gruñido de dolor como un animal herido e intento dejarme caer pero aquel horrible ser me sigue sujetando con sus garras de acero. Me mira con crueldad y sonríe, un escalofrío recorre mi cuerpo dejándome temblando y al borde del llanto lo que parece hacer disfrutar a mi yo paralelo. Él tira de mi y me introduce en el espejo, en un mundo deformado y oscuro. Sus manos se deslizan por mi cuello, lame mi ser y hace vibrar a mi alma. Yo intento volver la cara y encontrar el espejo por el que he entrado pero solo atisbo más oscuridad, un campo de flores marchitas bajo mis pies y mi piel en manos de mi yo reflejado. Nos tumbamos sobre un mar de cadáveres y yacemos hasta volver a unificarnos.