Placer.


Sus dulces labios se curvaban hacia abajo, la marca de la melancólica expresión le hacía parecer una dulce flor enfermiza. Sus parpados se entrecerraban ocultando sus dos esmeraldas que miraban hacia sus manos. Se mantenían impasibles, en su regazo, pálidas y entrelazadas. Su corazón latía compulsivamente, cuando el pecho reducía y la respiración mantenía un instante, se apreciaba aquella convulsión en su pecho. Aquella enorme inestabilidad emocional. A veces abría sus labios sin perder la marca de tristeza. Mostrando sus preciosos y pequeños dientes. Tomaba aire con pesadumbre, un suspiro moría en su garganta. Su lacio hilo de oro le caía por el hombro, entrelazándose. Vestida de seda de nata, muestra una sonrisa rosada, desenlaza sus manos. Una figura negra entra en el cuarto. Sus pies no parecen pisar la alfombra nevada. Camina hasta ella, su pelo azabache se movía con aquel movimiento. Sus ojos oscuros y brillantes hacían juego con su sonrisa lujuriosa. Vestido con un vaquero negro muestra su piel morena.  Una imagen oscura y fantasiosa penetrando. Como un gato negro paseando ante la princesa. Le acaricia la sonrosada mejilla, susurra "Te quiero".  


La abraza y lleva a su oscura habitación, de rojas cortinas sedosas y tenue iluminación. Titila la luz que proporciona la llama de la chimenea. Aquel rojo beso, aquella excitante expresión. La suave mano de su amado recorrió cada centímetro de su cuerpo. Sus siluetan desnudas eran dibujadas en la pared. La respiración se agitaba, su pulso aumentaba lentamente con solo el tacto de aquella persona. Su piel se erizaba y el calor aumentaba. Un suspiro entre sus labios se escapaba, un pequeño y orgásmico sonido que apretaba su traquea.Cuando la besaba y robaba el aliento. Su boca se mantenía entreabierta. Sus manos agarraban la espalda del otro con fuerza arañándole con pasión. 
Gimió nuevamente. 
Su cuerpo no era suyo, la pasión y lujuria habían convertido a esas dos personas en dos ardientes figuras que se amaban la una a la otra. Mordió sus carnosos labios, paseó un dedo por el pecho de él. El pecado había guiado ese momento. Sentía aquel cuerpo cálido dentro de ella. Empezó a dar alaridos de pasión, sofocarse, movía el cuerpo y agitaba la cabeza ante las llamaras que la chimenea proporcionaba. Se sintió un instante amada. Aquel miedo que había procesado todo el momento... No podía dejar de temblar. La pasión se convertía en nervios y placer. Mordió su cuello, la sangre empezó a brotar por la morena piel del hombre, palpaban sus cuerpos desnudos. Entrelazó sus piernas alrededor de su cuerpo, fundiéndose en un sudoroso abrazo y besándole. Sentía aquel calor en su interior, aquella conexión. El frío filo de la daga penetrando su piel, la roja sangre anunciando su muerte. No podía más. Gritó desenfrenadamente en un apasionado orgasmo. Sudor y sangre formaban alargadas gotas pecaminosas. Brillaron seductores sus ojos mientras daban su último vistazo al ser que amó y que la mató.


Su pura piel, mojada y desnuda. Tumbada sobre las negras sábanas, brillando como una estrella en el espacio. Su pecho ya no subía. Su corazón no latía. Una roja, espesa y perfumada mancha en su cuerpo la intoxicaba. Sus labios manchados del carmesí humano. Por fin desaparecía aquel miedo al ser amada.