Un mundo de putas y borrachos abandonados de Dios. Donde viejas brujas predican su mala fe, drogadictos bailotean en busca de un lugar donde morir y los sentimientos valen por dinero. Cumbre del pecado y la depravación. Bienvenido a mi mundo de marfil.
Es patético, lo sé. Aún peor que patético, totalmente pervertido. He acabado convirtiéndome en una acosadora barata, y digo lo de barata porque ni si quiera puedo pagarme un taxi para montarme en él y gritar: "Siga a ese coche." Yo me veo limitada a quedarme en la acera viendo como se aleja de mi. Cada vez que se acerca a una parada de taxis se me para el corazón. Es como si lo agarrase y estrujara, para después montarse con él en las manos y yo veo su espalda erguida, descifro sus labios, noto como el conductor se siente atraído por una mujer de ese calibre, entonces arranca y ella gira unos instantes la cabeza. Me mira a través de sus gafas de sol, sus ojos reflejan miedo, excitación, morbo, pero quedan ocultos por las lentes tintadas. Su mirada ansiosa es un secreto que sólo ella y yo conocemos. El coche se aleja, ella sujeta con recelo mi corazón, nota cada latido en su palma, hasta que las venas se cortan y yo me quedo varada en la acera, pudriéndome bajo el sol un día más.