El mundo se cerró. La cremallera del cielo fue cosiendo la brecha que había entre las dos mitades hasta dejarlo todo en la más absoluta oscuridad. Siempre había pensado que no le gustaba su vida. Realmente se preguntaba si le gusta la vida, vivir en general. La veía como eterna carretera que iba hacia arriba , cada vez más empinada y se perdía en una fisura en el cielo. A ambos lados de la carretera únicamente había desierto, ni si quiera eso, sólo arena gris hasta donde alcanzaba la vista. Él iba andando por el asfalto arrastrando los pies y prometiéndose que cuando llegase arriba todo sería mucho más fácil. Entonces se dio cuenta de que hasta cuando solo hubiese bajada, sería tan abrupta que descender sería tan difícil como subir. El sabor metálico de su boca le daban ganas de vomitar, pero ya era tarde. Caía hacia abajo en el abismo. Casi sin notarlo, sus dedos apretaron el gatillo y la pared se llenó de confeti.